Me enamoré de una histérica

IMG_2950Y como me enamoré. Han sido cinco – casi seis – años de momentos alegres, tristes, díficiles, hermosos. Cinco años de querer dejarte, pero al mismo tiempo querer pasar el resto de mis años contigo. Momentos en que me sentía desencajada, alienada, sin poder entenderte, mucho menos seguir tus reglas; pero intentaba, siempre una y otra vez, porque en el fondo estaba enamorada. Enamorada de ti. Argentina, me robaste el corazón.

Ya contando los días para dejarte, quiero que sepas que te amé desde el primer día que te conocí. Cuando estuve apenas cuatro días contigo, supe, que algo más ibamos a compartir, muchas cosas más estaban por venir. Porque no necesité más tiempo para darme cuenta de tu valor, de tu belleza, de que valía la pena hacer el intento, porque así soy yo, vivo el hoy sin perder tiempo, y no quise perder tiempo contigo. Así, por distintas circunstancias de la vida llegué a ti. Como siempre en mi vida, inconscientemente sé las cosas que van a pasar, mucho antes que pasen. Es un don que aún no he desarollado pero al menos ya reconozco su existencia.

Argentina, no sabes lo mucho que me has dado. O mejor dicho, creo que si lo sabes, y me lo diste sin esperar nada a cambio, porque el sentimiento fue mutuo. Creo que a veces olvido decirtelo, como siempre nosotros los seres humanos…olvidamos o tememos decir lo que sentimos. Pero te lo repito, me has dado mucho, y nunca lo olvidaré. Me has dado amistades que bauticé como mi familia argentina, ellos y cada uno de ellos dejó una huella en este corazón vinotinto, a cada uno lo recordaré y tendré en mis memorias siempre. Ellos fueron los celestinos de nuestro amor, ellos me ayudaron a entenderte y a luchar por seguir a tu lado. Ellos me acompañaron de la mano, durante las buenas y las malas, guiandome a través de la complejidad de tu personalidad. Apasionada, complicada, romántica, melómana, fría pero en momentos increiblemente caliente. Esa dualidad tan tuya, que vuelve loco a cualquier caribeño acostumbrado a cosas un poco más simples. Es como digo: una novela venezolana atrapada en un tango porteño.

Hoy decido conscientemente, ir en el colectivo y ver por la ventana. No ir viendo el celular, como en el día a día de mis idas y venidas. Hoy te disfruto más que nunca, porque sé que te voy a perder. Hoy me quedo viendo el Obelisco antes de entrar a la oficina, siempre estuvo ahí, pero hoy lo veo más bello e imponente. Hoy escucho tu acento, y es como el primer día que te escuché, sonreía con tus expresiones únicas y extrañas para mi oído venezolano. Hoy me volví a enamorar.  ¿Qué cosas no?  Sabemos lo que tenemos más que todo cuando lo perdemos. Pero no me malinterpretes, yo siempre supe lo que tenía y lo valoré en cada uno de mis días.

Has sido testigo de muchas cosas en mi vida. Has sido cómplice de mis triunfos, de mis fracasos, de mis desamores, de mis días y mis noches durante los últimos años. Tanto me acostumbré a ti, que cuando viajaba a Venezuela, te extrañaba íncreiblemente. Y a las semanas ya quería volver a ti, volver a casa. ¿Cómo te explico lo que siento sin que pienses que es chamuyo? Tanto me enamoré de ti que adopté tus modismos, tus gestos, hasta al golpearme el dedo chiquito del pie digo “la puta madre!”  en lugar de mi venezolano “coño e’ la madre!”.

Te recorrí, pero no fue suficiente. Recorrí, acaricié y olí tus rincones más hermosos. Tus montañas coloridas, tus desiertos, tus bosques, tus glaciares… y te toqué suavemente para no lastimarte en mi afán de querer disfrutarte. Esos paisajes, hablan de tu personalidad, hablan de ti, representan tu histeria, en su forma más hermosa. Tu gente, esos hijos e hijas tuyas que me enseñaron y a quienes yo enseñé tanto. Los voy a extrañar. El taxista que siempre quería charlar, así fuera volviendo a casa en la madrugada con cervezas de más, él quería hablar. Bueno hablemos. “¿De dónde sos?” arrancaba siempre la conversación. Cinco años después y aún tengo que responder esa pregunta, pero ahora no les es tan fácil distinguir entre venezolana o colombiana, porque el acento se ha enjuguado entre tu lunfardo.

Buenos Aires, como diría Gotan Project “donde cosecho mis anhelos y mis pasiones”.

Como los grandes amores de mi vida, fue un lindo viaje que hicimos juntas. Y como a todo gran amor, te doy gracias por lo bueno y te pido disculpa por lo malo. No me olvides que yo no te olvidaré, y sabes que mi corazón siempre tendrá lugar para ti. Quiero pensar que nuestra historia no ha terminado, porque nos quedaron cosas pendientes. Pero seré paciente, y te daré tu espacio, y te perdonaré que seas histérica, porque vales la pena y el amor se trata de aceptarnos tal cual somos, y yo, Argentina, te amo tal cual sos.

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